ASOCIACIÓN DE PROFESORES
DE LITERATURA DEL URUGUAY
Boletín Electrónico
- Año 2 - #4 - Julio de 2008
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Ponemos en conocimiento de los lectores que por razones de espacio no ha sido posible cumplir con la segunda entrega del artículo «La enseñanza estratégica de la literatura», de Richard Beach, que comenzara a publicarse en el número anterior. La misma aparecerá en la próxima edición del Boletín.

EDITORIAL

 

El 21 de junio nuestra Asociación cumplió dieciséis años de existencia. Muchos colegas recordarán con emoción, tal vez con nostalgia, aquel domingo en el que, reunidos en la Biblioteca Nacional, iniciamos -no sin temores- un camino de esperanzas que nos ha conducido hasta el hoy. Podemos afirmar que decir A.P.L.U., pensar en A.P.L.U., es nombrarnos y pensarnos a nosotros mismos, a todos los que, de una u otra forma, en mayor o menor medida, hemos construido la realidad de una Asociación que reúne a docentes de larga trayectoria _algunos ya retirados de la actividad_ y a jóvenes docentes, y que espera a quienes se están formando en los institutos de todo el país para integrarlos y trabajar juntos.

Estamos convencidos de que en cada aniversario es preciso mirar hacia atrás, revisar aciertos, reconocer errores para no incurrir en ellos una vez más, pero sobre todo, tener presente a quienes nos precedieron, aquellos que, amando y enseñando literatura, pensaron en una institución que se nucleara en torno a ella: A.P.L.U. Es por eso que en este boletín recordamos de diferentes formas, y desde perspectivas distintas, a quien fuera presidenta de esta institución: la profesora Graciela Mántaras Loedel. Es entonces éste, un boletín distinto. Hemos reservado para ese merecido homenaje -que no pudo hacerse en el número anterior por encontrarse ya en la imprenta- las palabras que compañeras en su gestión como Presidenta de la Asociación, colegas y amigas entrañables, escribieron y que merecen ser conocidas por todos los asociados. Pero, y sobre todo, hemos incluido un ensayo que, para quienes transitamos los caminos de la poesía, es asaz significativo. Alcanza con citar las primeras palabras del inolvidable símil homérico al que Graciela se refiere en su ensayo, para que todos, absolutamente todos los que leen estas páginas, lo repitan o lo evoquen en su Ilíada -quizás subrayado-, y sientan, una vez más, la magia de la poesía que nos alcanza en las alegrías más intensas y en los dolores más hondos.

El aeda ciego está presente hoy para acompañarnos en este homenaje. Y lo está para recordar que, en este camino de la docencia, las jóvenes generaciones serán las que reverdecerán -como los árboles en primavera- y encontrarán en la memoria colectiva el nutriente para seguir convocando a la poesía. Ahora y siempre.